Renault Logan (B90 | 2004–2012): Fallas comunes y qué revisar antes de comprar

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El primer Renault Logan que conocimos no llegó buscando ganar concursos de belleza, sino a resolvernos la vida. Su gran truco fue ofrecernos un espacio inmenso, casi de camioneta, por el precio de un carrito de entrada. Nació con esa herencia guerrera de Dacia y, en muy poco tiempo, se volvió el mejor amigo de las familias que necesitaban espacio y de quienes se ganan la vida al volante, básicamente porque aguanta todo el castigo del mundo.

A día de hoy, ese viejo Logan sigue siendo el «caballito de batalla» preferido de quienes buscan un usado que no dé dolores de cabeza. Es de esos carros nobles, con una mecánica tan noble que no te deja tirado y que no te vacía el bolsillo cada vez que toca hacerle algo. Eso sí, los años no pasan en vano, y después de tanto rodar, hay un par de mañas y detalles que tienes que mirar con lupa antes de soltar el dinero.

Fallas comunes del Renault Logan B90 (2004–2012)

Aunque este carro es un «tanque» que aguanta de todo, los años no pasan en vano y el uso se le termina notando. Si estás buscando uno, estas son las mañas y fallas más comunes que te vas a encontrar:

1. Esos benditos «fantasmas» eléctricos

Es típico que los botones de los vidrios se pongan tercos, que las luces traseras parpadeen raro cuando frenas o que el sensor de oxígeno pida cambio antes de tiempo.

  • El truco: No te dé pena, pica todos los botones de la consola y fíjate bien que no haya ninguna luz rara prendida en el tablero.

  • El bolsillo: Relájate, los repuestos son baratos y se consiguen hasta en la farmacia.

2. La suspensión pide auxilio

El Logan es alto y se siente suave, pero los bujes y amortiguadores llevan mucho látigo en nuestras calles llenas de huecos.

  • La señal: Si escuchas un «cloc» o ruidos metálicos cuando pasas por un bache, ahí tienes el problema.

  • El bolsillo: Término medio. Cambiar las gomitas (bujes) es una tontería, pero si te toca poner amortiguadores nuevos, prepara un poco más de plata.

3. Los frenos se cansan

A veces el pedal vibra o las pastillas se gastan más rápido de lo que uno quisiera.

  • La prueba de fuego: Súbelo a unos 60 km/h y frena con suavidad; si sientes que el volante te tiembla en las manos, es que los discos están doblados.

  • El bolsillo: Barato. El sistema es tan sencillo que cualquier mecánico bueno lo arregla por poco.

4. El motor se siente «nervioso»

Si el carro tiembla cuando estás parado en un semáforo o da tirones cuando arrancas, lo más seguro es que la válvula IAC (el mínimo) esté sucia o los cables de las bujías estén pidiendo cambio.

  • La señal: Sentir que el motor se quiere apagar cuando dejas de acelerar.

  • El bolsillo: Casi nada. Con una buena limpieza de la válvula, el carro vuelve a la vida en el 80% de los casos.

5. Un aire acondicionado que apenas cumple

Con el tiempo, el compresor se cansa o aparecen fugas por ahí escondidas. En los modelos más viejitos, el aire a veces se queda corto si hace demasiado calor.

  • El chequeo: Préndelo a fondo y cronometra; si en dos minutos no estás fresco, hay algo mal. Ojo también si el motor del aire hace ruidos raros al arrancar.

Motores más comunes: Simplicidad que enamora

En esta versión del Logan, lo más seguro es que te topes con alguno de estos tres motores:

  • El 1.4 de 8 válvulas: Es el rey del ahorro. Si no tienes afán y lo que quieres es gastar lo mínimo en gasolina, este es. Eso sí, ni se te ocurra pedirle piques rápidos cuando lleves a toda la familia y el maletero lleno, porque le cuesta un poco arrancar.

  • El 1.6 de 8 válvulas (el famoso K7M): Para mí, es el punto exacto. Es un motor «guerrero» que parece que no se muere nunca. El único secreto con él es no saltarse el cambio de la correa de repartición; si cuidas eso, tienes carro para toda la vida.

  • El 1.6 de 16 válvulas (el K4M): Este lo traen las versiones más lujosas. Se siente mucho más ágil y responde mejor cuando pisas el acelerador, pero eso sí, pide un dueño un poquito más detallista con los mantenimientos. No es para dejarlo al descuido.

En resumen: Estamos hablando de motores a la antigua, de esos que cualquier mecánico de barrio conoce de memoria. No necesitas un experto de la NASA para arreglarlos y, lo mejor de todo, es que los repuestos te los encuentras en cualquier esquina y a precios que no asustan.

¿Es un buen auto usado hoy?

Lo bueno

  • Espacio de sobra: Atrás caben tres adultos sin que tengan que ir abrazados; es sorprendentemente ancho.

  • Un baúl gigante: Tiene una «bodega» de 510 litros; ahí cabe el mercado, las maletas y hasta lo que no vas a usar.

  • Aguanta el castigo: Es un carro alto, perfecto para no sufrir cada vez que pasas por un bache o te toca meterte por un camino de tierra.

  • No te arruina: Mantenerlo al día es de lo más barato que vas a encontrar en el mercado.

Lo malo

  • Poco «sex appeal»: Seamos honestos, su diseño cuadrado no va a ganar un concurso de belleza; es funcional, no bonito.

  • Interiores sencillos: Los plásticos son duros y, con los años, empiezan a «hablar» (aparecen ruidos y crujidos).

  • Seguridad básica: Ten cuidado, porque los modelos de entrada vienen muy pelados; muchos no tienen ni bolsas de aire ni frenos ABS.

Tu lista de chequeo (Para que no te engañen)

Si ya tienes uno en la mira, no cierres el negocio sin mirar esto:

  • La correa de repartición: Es el corazón del asunto. Pregunta cuándo la cambiaron y pide el recibo. Si el dueño duda o no tiene pruebas, cámbiala tú mismo apenas lo compres para evitar un desastre.

  • Manchas de aceite: Échate una mirada por debajo del motor y la caja. Es normal que sude un poquito por los sellos, pero si gotea, ya es para negociar el precio.

  • La caja de cambios: Mete todas las marchas. Si la segunda o la reversa entran forzadas o suenan raro, ahí hay gato encerrado.

  • El «detective» de kilómetros: Fíjate en el desgaste del volante y los pedales. Si el tablero dice que el carro está «nuevo» pero el pedal del freno está liso o el volante se está pelando, lo más seguro es que le hayan bajado el kilometraje.

Conclusión

Para cerrar, hablemos claro: comprar un Logan B90 de esos años es una decisión con la cabeza, no con el corazón. No es el carro que vas a lavar los domingos para lucirte, sino el que vas a usar para camellar o llevar a la familia sin que el bolsillo sufra. Si lo que necesitas es un aparato que no te deje quebrado y te importa más que todos vayan anchos a que el carro se vea «moderno», este Renault sigue siendo de lo mejorcito que rueda por nuestras tierras.

Mi consejo de oro: No te vayas por el más básico. Trata de pescar un Expression o un Privilège; por lo menos así tendrás vidrios eléctricos y ese mínimo de seguridad que uno siempre agradece cuando sale a la calle.

Redacción por Gossipvehículo