La Chevrolet D-Max (que en otras latitudes se identifica como Isuzu D-Max) se ha consolidado como la reina de las rutas en Latinoamérica, pisando fuerte en países como Chile, Colombia y Ecuador. Su reputación de ser una máquina «eterna» no es casualidad; viene respaldada por su herencia japonesa y un corazón diésel de carácter industrial. Pero seamos realistas: la perfección mecánica no existe, y esta camioneta arrastra ciertos «pecados» recurrentes que cualquier interesado debería poner bajo la lupa.
¿Cuál es la importancia de hacer la tarea antes de desembolsar el dinero? Simple: si bien el núcleo del motor es capaz de resistir casi cualquier castigo, sus componentes externos (como la gestión de emisiones, los inyectores y la parte eléctrica) son los que suelen dar dolores de cabeza, sobre todo en ejemplares que vienen de trabajos pesados en minas o bosques.
Este repaso se enfoca en las variantes equipadas con los bloques 2.5L (4JK1) y 3.0L (4JJ1) que salieron al mercado entre 2017 y 2023.
Lo esencial: fallas típicas de la Chevrolet D-Max (2017–2023)
Si tienes poco tiempo, estos son los focos rojos que exigen una inspección minuciosa. Ignorar estas señales podría terminar en una factura de taller bastante dolorosa.
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Atascamiento del DPF (Filtro de Partículas): Un dolor de cabeza habitual si solo la usas en ciudad o para recorridos breves.
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Aumento del nivel de aceite: Un fenómeno extraño donde el lubricante se contamina con combustible, derivado de regeneraciones fallidas del DPF.
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Grietas en los tapabarros internos: Un defecto estructural que aparece en el compartimento del motor tras someter la pick-up a terrenos muy accidentados.
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Problemas de inyección (Sellos y boquillas): Los culpables de que el escape lance humo blanco o de que sientas que la camioneta no «tira» como debería.
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Zumbido en el eje trasero: Un silbido metálico que surge al ir rápido, común en camionetas con mucho camino recorrido.
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Alerta de seguridad en la dirección (2021-2022): Un llamado a revisión oficial debido a un tornillo del eje de dirección que no se ajustó correctamente en la línea de montaje.
Fallas mecánicas más frecuentes (Análisis profundo)

1. El dilema del DPF y la contaminación del aceite
Este es, sin duda, el talón de Aquiles de las versiones Euro 5 lanzadas a partir de 2017. El esquema de tratamiento de gases es sumamente delicado.
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El conflicto: Si el vehículo no calienta lo suficiente (típico en trayectos cortos de ciudad), el ciclo de «autolimpieza» del filtro se corta a la mitad. El sistema intenta compensarlo inyectando combustible de más, pero al no quemarse, este diésel termina filtrándose al cárter, donde se mezcla con el lubricante.
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Señales de alerta: Verás el icono del DPF iluminado en el cuadro de instrumentos, notarás que la camioneta entra en «modo protección» (pierde fuerza y no acelera) y, lo más crítico: al medir el aceite, notarás que la marca supera el límite máximo y desprende un fuerte aroma a combustible.
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Cuándo esperar esto: Puede dar la cara desde los 40,000 km si el uso es meramente citadino.
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Peligrosidad: Crítica. Un aceite «aguado» por el diésel no protege los componentes internos, lo que puede provocar que el motor se raye o se funda por completo.
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Factura del taller: Entre moderada y alta. Implica realizar una limpieza electrónica mediante escáner, sustituir el aceite de inmediato o someter el filtro a un baño químico.
2. Grietas estructurales en los pasos de rueda internos
Un fallo de arquitectura que viene de la base Isuzu y que suele pasar desapercibido hasta que es evidente.
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El conflicto: En camionetas sometidas a vibraciones constantes (como caminos de ripio o «serrucho») o que llevan baterías de gran tamaño sin el anclaje adecuado, el metal del vano motor cede por fatiga, agrietando las láminas cerca de los fusibles o la batería.
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Señales de alerta: Crujidos metálicos al transitar por baches. Se detectan fácilmente con una buena linterna, buscando fisuras en la hojalatería detrás de los componentes del motor.
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Cuándo esperar esto: No depende de los kilómetros, sino del maltrato. Es una «cicatriz» clásica en unidades que trabajaron en faenas mineras.
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Peligrosidad: Media. No detiene la marcha, pero compromete la rigidez de la carrocería si no se atiende a tiempo.
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Factura del taller: Moderada. Demanda trabajos de soldadura técnica y, preferiblemente, añadir refuerzos de acero.
3. Desgaste en los sellos de inyectores (Arandelas de cobre)
Aunque el bloque 3.0L (4JJ1) es legendario por su robustez, sus juntas de estanqueidad requieren vigilancia constante.
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El conflicto: Los discos de cobre que sellan la unión entre el inyector y la culata se carbonizan o se erosionan. Esto provoca que la presión de la combustión se filtre hacia arriba, contaminando el sistema de lubricación con residuos quemados.
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Señales de alerta: Presencia de humo blanquecino al encender el motor, un golpeteo rítmico (como un soplido) y la formación de una costra negra espesa en el cárter que acaba obstruyendo la bomba de aceite.
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Cuándo esperar esto: Es habitual que ocurra en el umbral de los 80,000 a 120,000 km.
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Peligrosidad: Extrema. Si la suciedad tapa el flujo de aceite, el motor se queda sin lubricación y queda inservible en cuestión de segundos.
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Factura del taller: Económica si es preventivo; astronómica si el motor colapsa. Cambiar las juntas es una inversión mínima comparada con una reconstrucción total.
Fallas eléctricas y campañas preventivas
Alerta de seguridad (Recall) en la dirección 2021-2022 Si estás tras una unidad seminueva, esto es innegociable. En varios países de la región se activó una campaña técnica para los modelos fabricados entre 2021 y 2022.
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El defecto: Un tornillo en el eje inferior de la columna de dirección salió de fábrica con un ajuste insuficiente, lo que genera el riesgo de que se suelte y pierdas el control del vehículo.
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Qué hacer: Es fundamental verificar con el número de chasis (VIN) en un servicio oficial si esa unidad ya recibió la corrección gratuita.
Gestión del Alternador «Inteligente» La D-Max emplea un sistema de carga variable diseñado para optimizar el consumo de combustible.
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El conflicto: El voltaje fluctúa constantemente. Si instalaste accesorios extra (barras LED, equipos de sonido o winches) conectados directo a la batería, podrías sufrir descargas inesperadas o dañar la vida útil del acumulador.
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Sugerencia: Para quienes equipan la camioneta para aventura, lo ideal es montar un aislador de baterías o un cargador DC-DC que estabilice la corriente para los accesorios.
Comportamiento de la transmisión y el embrague
Caja Automática (Aisin de 6 marchas) Es una transmisión de confianza, pero su punto débil es el calor excesivo.
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El conflicto: Bajo condiciones de mucho esfuerzo, como arrastrar un remolque o subir pendientes prolongadas con carga total, la caja puede sobrecalentarse y limitar su funcionamiento. Algunos conductores notan una sensación de «patinado» en el convertidor de par antes de que este enganche por completo.
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Sugerencia: Si tu plan es usarla para trabajo pesado o remolque constante, añadir un enfriador de aceite (cooler) externo es la mejor inversión para proteger la vida de la caja.
Caja Manual y kit de embrague * El conflicto: El disco original suele tener una vida más corta de lo habitual si se le exige mucho torque en arranques inclinados. Es común sentir una vibración o «tirones» al salir en primera cuando la camioneta ronda los 60,000 km.
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Curiosidad: Es muy frecuente que el pedal del embrague empiece a emitir un chillido metálico molesto, algo que suele solucionarse simplemente lubricando el punto de pivote.
Tren delantero, frenos y confort de marcha
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Dureza de la suspensión trasera: Más que un fallo, es su configuración de fábrica. Está pensada para soportar mil kilos; por ende, si viajas sin carga, la parte trasera tiende a ser muy saltarina e incómoda.
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Sugerencia: La comunidad suele reemplazar los amortiguadores de serie por unos de mayor calidad o instalar gemelos (grilletes) tipo «confort» para suavizar la respuesta de las ballestas.
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Chirridos en los elásticos: Los bujes de las ballestas traseras suelen resecarse prematuramente, provocando un ruido a «carreta vieja». Normalmente, es falta de una grasa adecuada o baja calidad del caucho original.
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Discos de freno deformados: Debido a que el eje trasero usa tambores, los discos delanteros soportan casi todo el esfuerzo. Si se abusa del freno en descensos largos sin apoyarse en la compresión del motor, los discos se recalientan y se tuercen, provocando vibraciones en el volante al frenar.
¿Es confiable la Chevrolet D-Max usada?

La D-Max es una roca, pero exige un propietario comprometido. A diferencia de las pick-ups a gasolina de antaño, una versión moderna (2017-2023) no perdona el uso de lubricantes mediocres o combustible de mala calidad. Es un vehículo de trabajo que te devolverá cada centavo en durabilidad, siempre que respetes sus reglas de mantenimiento.
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Lo mejor (Pros): El motor 3.0 (4JJ1) es una auténtica leyenda mecánica en cuanto a sus componentes internos (pistones reforzados y cadena de distribución robusta). Además, tienes la tranquilidad de que encontrarás repuestos hasta en el rincón más remoto de Latinoamérica y, cuando decidas venderla, su valor en el mercado de usados se mantiene muy firme.
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Lo menos bueno (Contras): El sistema DPF es caprichoso si solo la usas para ir al supermercado. En cuanto a comodidad, se siente más «bruta» y rígida que una Nissan Navara o una VW Amarok. Además, si buscas lujos tecnológicos, el interior de las versiones de entrada te resultará algo básico o austero.
Qué revisar antes de comprar una Chevrolet D-Max (2017–2023)
Si vas a ver una D-Max mañana mismo, no olvides pasar por estos 4 puntos:
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La prueba de la varilla: Con el motor apagado y frío, saca la varilla de aceite. Si el nivel supera el máximo o huele a diésel, el DPF está dando problemas.
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La mirada bajo el capó: Quita la tapa de plástico del motor y busca rastros de «melcocha» negra o carboncillo cerca de la base de los inyectores.
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Inspección con linterna: Revisa los costados internos del motor (cerca de la batería). Si ves soldaduras frescas o grietas en la pintura, ha tenido una vida muy dura en off-road.
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Prueba de frenado: En una zona segura, frena con firmeza a unos 60 km/h. Si el volante vibra, prepárate para cambiar o rectificar discos.
Conclusión final
La Chevrolet D-Max es, ante todo, la compañera de batalla definitiva. Si tu prioridad es una pick-up que no le tema al barro, que devore kilómetros sin quejarse y que soporte el trato más duro, estás ante una de las mejores candidatas del mercado. En términos de sensatez y resistencia, es la única que se atreve a mirar a los ojos a la Toyota Hilux sin parpadear.
¿Es para ti? Es la elección ideal si tu vida transcurre fuera del asfalto urbano, si necesitas un caballo de carga para el trabajo pesado o si eres de los que cruza el país de punta a punta por carretera.
¿Cuándo deberías evitarla? Si tu rutina es 100% citadina, limitada a ir de compras o llevar a los chicos al colegio, esta camioneta no es para ti. En ese entorno, el sistema DPF se convertirá en una pesadilla de advertencias en el tablero y visitas al taller.
El consejo de oro: Si ya tienes el ojo puesto en una de estas Chevrolet, intenta que sea la versión 3.0L. Asegúrate de que tenga su hoja de vida sellada en el concesionario y, como regla sagrada, reemplaza las arandelas de los inyectores de forma preventiva cada 40,000 km. Con ese pequeño cuidado, tendrás motor para toda la vida.
Redacción por Gossipvehículo






































